La clave

5 de febrero de 2000

Por Henry Char

Especial para El Universal


El concepto de la clave puede ser insignificante para algunos, vital para otros, y totalmente desconocido para la gran mayoría, aunque hayan aplaudido al ritmo de esta en medio de un concierto. La clave llegó a América como parte del lastre de las embarcaciones que traían a los esclavos africanos, y al sembrarse en forma silvestre en la costa Caribe dio origen a la salsa. Se podría identificar como la columna vertebral que soporta la percusión y la orquestación de este género musical.


Para quienes hasta el momento no tienen ni la más remota idea de lo que estamos hablando, les recomiendo que escuchen la versión de Johnny Ventura de “Patacón Pisao”, que comienza con Johnny pidiéndole al público que lo acompañe con las palmas al ritmo de la clave. Ese patrón rítmico que va con tres golpes consecutivos, una pausa, y dos golpes más, es la famosa clave. También se le llama clave al instrumento compuesto por dos cilindros pequeños de madera maciza que se utilizan para, precisamente, tocar la clave.


La célula básica de la salsa consta de dos compases, uno de los cuales se basa en los tres golpes de la clave y el otro en los dos. Ahora, dependiendo de si el conjunto de tres golpes va en el primer compás de la célula básica o en el segundo, se dirá que el arreglo está en clave 3–2 o en clave 2–3, respectivamente. Aquí comienza el escepticismo para algunos, la cátedra para otros y el enredo para el resto; tranquilos, que cuando me hablaron de esto por primera vez no me hizo ninguna gracia.


Aunque aparentemente es lo mismo, en el fondo no lo es. Es cierto que los patrones de los diferentes instrumentos rítmicos (incluyendo el piano) son los mismos en el sentido de que, sobre el compás que lleva el tres, siempre irán con base en el tres, y sobre el compás que lleva el dos, siempre irán con base en el dos, ya sea que se esté trabajando en 3–2 o en 2–3. Entonces, ¿dónde está la diferencia?


Para entenderlo mejor, hagamos el ejercicio de repetir la palabra arroz varias veces. Al cabo de un rato descubriremos que es igual a repetir la palabra rosa varias veces. Obviamente no es lo mismo un grano de arroz que el pétalo de una rosa (aunque lo segundo lleve a algunas mujeres a conocer a fondo lo primero), y todo dependerá de la sílaba con que se comience la secuencia repetitiva. Con la salsa es lo mismo: un arreglo 3–2 lleva un viaje totalmente diferente a un arreglo 2–3.


Por eso es que los extranjeros “prefieren” bailar merengue, pues el patrón rítmico es menos complejo, al igual que la forma de bailarlo. En la salsa, al sonar las campanas del bongosero y timbalero respectivamente, contrapunteando con las congas, el piano y el bajo, se amedrentan un poco porque ahí el ritmo se los lleva y no lo pueden controlar.


La mejor manera de entender esto es disco en mano, pues si me extiendo no terminaré nunca. Y además, los escépticos lo seguirán siendo, los aprendices tal vez encontrarán algo que les interese entre tanto enredo, y para el resto será, como me dijo un familiar cercano, un ladrillo más.


Espero haberlos dejado un poco más confundidos que al principio, para que se tomen la molestia de investigar por su propia cuenta y descubrir la sabrosura que esconde la salsa, ritmo tan complejo y sensual que embruja y arrastra las caderas de más de uno sin que pueda evitarlo.